La semana pasada me llamó un cliente con el que había completado un Proceso de Coaching hace más de un año. Estaba muy estresado porque había un conflicto entre dos directivos de su empresa.
Dos personas que tienen perfiles de comportamiento muy diferentes y que suelen tener roces.
La angustia del director era que, en medio de tantas acusaciones, temía llevarse un chasco si se imaginaba que uno de los dos mentía. Sin saber qué hacer, porque reconocía la importancia de ambos para la empresa, decidió llamarme.
Piénsalo, si eres el director y te encuentras en una situación así, ¿qué es lo primero que deberías hacer?
El primer paso en una situación en la que sentimos dolor y no podemos gestionar nuestras emociones es distanciarnos, mirar la situación desde fuera y enumerar los hechos sin emoción.
Cuando un líder se ve afectado por un conflicto en su equipo y se implica emocionalmente, necesita distanciarse y comprender qué es lo que le está quitando el autocontrol en ese momento concreto. Sólo entonces podrá comprender mejor las necesidades de los implicados y ayudarles también a ellos.
En este caso, como ya había pasado por un proceso de autoconocimiento, fue fácil identificar lo que necesitaba ver en sí mismo, para poder reasumir su liderazgo interior y ser entonces un líder eficaz en esa situación. Una llamada de poco más de cinco minutos y ya tenía el control para resolver el conflicto.
Quienes tienen este profundo autoconocimiento son capaces de tener éxito en todo, desde una entrevista de trabajo hasta una negociación en la que intervienen grandes empresas y fortunas.
El autoconocimiento es lo que permite saber qué tipo de situación te deprimirá y te hará reaccionar de un modo perjudicial para tu objetivo. Normalmente, nuestras reacciones más destempladas son las que nos golpean directamente en la cara de una necesidad de valor no satisfecha.
Un líder es, ante todo, alguien que se conoce a sí mismo lo bastante profundamente como para saber controlar su juego interior en las situaciones más adversas y no convertirse en su propio adversario en una situación de conflicto. Esta conciencia de quién eres, de cuáles son tus valores y de lo que es importante para ti, te sitúa en una posición de liderazgo y te permite controlar tus acciones y reacciones y no poner en peligro el objetivo que quieres alcanzar.
Esto es lo que Daniel Golleman llama autogestión. La forma en que gestionamos nuestras emociones y nuestro propio estado de ánimo.
Para dirigir una negociación, un líder debe tener claro adónde quiere llegar y dirigir la conversación hacia ese objetivo despertando emociones positivas en las personas con las que negocia.
Es importante darse cuenta de que nuestro cerebro está configurado para ver automáticamente el lado negativo de todo lo que experimentamos; es una forma que hemos encontrado desde la época de las cavernas para protegernos y asegurar nuestra supervivencia.
La cuestión es que hemos evolucionado como humanidad y tenemos que aprender a centrarnos en las oportunidades que presenta un conflicto, no sólo en las amenazas.
Centrarse en las oportunidades es lo que diferencia a una persona que ejerce el liderazgo interno.
Supongamos que estás buscando trabajo, por ejemplo. Centrarte en el miedo a no poder mantener a tu familia te impide ver innumerables oportunidades de trabajo, porque la amenaza aquí es no poder satisfacer tu necesidad básica de supervivencia. En esta situación de desempleo, el mayor miedo es no poder sobrevivir, lo cual es muy legítimo.
Y mi invitación a los demandantes de empleo es que cambien el enfoque de su mirada.
¿Y si, en esta situación, hicieras el ejercicio de visualizarte en un trabajo que te atara todo el día por un salario que sólo cubriera tus necesidades de vivienda y alimentación?
¿Qué oportunidades estarías perdiendo para sentirte más realizado mientras sigues en un trabajo que sólo sirve para satisfacer tus necesidades básicas?
El reto es cambiar tu enfoque, ampliar tu campo de visión. Para que empieces a buscar trabajos que te permitan darte cuenta de que trabajas en algo que realmente tiene sentido para ti.
Y cuando encuentres esa oportunidad laboral, siéntate a negociar la vacante con el entrevistador, conectando con ellos, comprendiendo lo que realmente necesitan y cómo puedes ayudarles a alcanzar sus objetivos, demostrando que compartes los mismos valores que la empresa y que ésta es una oportunidad para que ambos alcancéis vuestras metas.
Sabemos que cada vez más empresas buscan personas que compartan sus valores y, si es necesario, muchas empresas invierten en el desarrollo técnico de un nuevo empleado porque saben que tendrán un empleado realmente comprometido, ya que su principal motivación no es el salario a final de mes, sino poder contribuir al crecimiento de la empresa haciendo lo que mejor sabe hacer.
Cuando conectamos y creamos un vínculo emocional, comprendiendo las necesidades de la otra persona, podemos incluso cambiar su forma de pensar.
Porque en el fondo, en un conflicto, lo que todos quieren es ser escuchados. Por eso es importante que una persona ajena, sin implicación emocional, medie en la conversación.
Y esto se aplica tanto a las negociaciones profesionales como a las personales.
Negociamos todos los días sin darnos cuenta. Tomar conciencia de que podemos liderar las más diversas negociaciones que nos plantea la vida nos convierte en líderes preparados para superar los conflictos internos y externos a los que nos enfrentamos a diario.
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